En mi familia siempre ha gustado el flamenco, aunque nadie lo cantaba. Desde pequeño me empezó a llamar la atención. Escuchaba mucho a José Mercé, a Camarón y otros, y mi hermana comenzó a bailar. Eso hizo que me sintiera cada vez más atraído por el flamenco. Un día, en una actuación de mi hermana en el teatro López de Ayala, conocí a El Perrete, quien se convertiría en mi maestro. Le preguntamos si podía darme algunas clases y aceptó. Y ahí empezó todo.

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