En el imaginario mundial, la compraventa de arte se asocia a la élite y a las grandes subastas donde circulan millones de dólares en cuestión de segundos. A champán. A millonarios. Por eso, cuando se le pregunta a la consultora de arte y asesora por más de 15 años de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo (ARCO) Elisa Hernando cuánto se puede gastar una persona en una obra, se le dibuja una sonrisa: «Una de las cosas que nos gusta decir es que para comprar arte no importa ser rico ni superculto».

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