Cuando Maryoli Montes lleva el uniforme de trabajo por la calle, le miran «raro». Con casco, ropa y botas de seguridad y cinturón portaherramientas, esta venezolana de 40 años dice sentirse «orgullosa» de ser lo que es: una mujer electricista en un sector de hombres. Maryoli es, de hecho, de las pocas que hay en Asturias.

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