Basta pasear por cualquiera de nuestras calles, incluso las más concurridas, para sentirse entristecido al ver la sucesión de antiguos locales comerciales en los que cuelgan carteles anunciando su venta o alquiler. En aquellos que llevan más tiempo en esa situación se han adherido a sus cristales, sobre la suciedad, pintadas o anuncios de reclamos varios.
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