«Recuerdo sobre todo el año 2017, las hermanas me lo decían. ‘He tenido una visión del demonio’, ‘alguien me ha puesto una mano fría por la espalda’, ‘alguien me ha agarrado por la noche’. Las monjas tenían miedo y pavor de que volviera a suceder. Yo iba recogiendo los testimonios, y las monjas no querían hablar con el resto de hermanas. Algunas se quisieron ir directamente porque no estaban bien aquí. No estaban a gusto. Y eso se aceleró muchísimo».

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