Ha sido una constante en el último mes: miembrlos de Hayat Tahrir al Sham (HTS), la milicia islamista radical que derrocó al huido presidente sirio, Bashar el Asad, descubren nuevos laboratorios, nuevos silos. Algunos, escondidos en edificios aparentemente normales, en las afueras industriales de Damasco o en la región de Latakia, en la costa mediterránea siria.

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