Las leves grietas y el murmullo del desgaste

Hay ciclos que no comienzan con grandes acontecimientos ni hechos decisivos; al contrario, como cuando una ladera se desliza de forma imparable o se precipita un derrumbe, ocurre que pequeñas presiones, acumulaciones invisibles y desgastes apenas perceptibles terminan por confluir hasta que algo se resquebraja, y ya es inevitable. Puede haber señales aparentemente inofensivas que, al reunirse, revelan una lógica. La clave –y el acierto– está en saber interpretarlas adecuadamente y detectarlas antes de que sea demasiado tarde.