En la esquina izquierda del pabellón central del polideportivo de Villablino, Pilar Castelao, la madre de Amadeo Bernabé, se ahogaba ayer en un mar de lágrimas. El hombre residía en Caboalles de Arriba (León) desde que se casó con su mujer, Yoani Méndez, natural de esa localidad. Bernabé se había reincorporado al trabajo hacía apenas diez díaz tras un ingreso hospitalario. Un hombre «risueño y vivaz» que, a sus 48 años, no conocía otro oficio más que la minería, aunque siempre en la de cielo abierto. «Empezó a trabajar en la de interior hace cuatro años», comentaba ayer su primo Miguel Castelao. Primos carnales por parte de madre, los dos se criaron juntos en la localidad leonesa de Villaseca, de donde eran naturales: «Se pasaba el día jugando con los caballos; le encantaban. Tenía uno que solo se dejaba acariciar por él. De los demás se escapaba», evoca, aferrándose a unos recuerdos de infancia cada vez más lejanos: «Hablamos hace unos días; quería jubilarse». Solo le quedaban dos años.

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