A veces tengo la impresión de que el mundo intenta decirme algo que no entiendo. No me refiero solo a los avatares de la vida social o política, sino y, sobre todo, a la naturaleza. Salgo a caminar por el parque y veo los árboles, los pájaros, el césped, veo las hormigas, veo el estanque con los patos, respiro el aire de las primeras horas del día, cargado de una humedad agradable, porque ha llovido durante la madrugada. Todo esto, me digo, debe de formar parte de una gramática cuya sintaxis no comprendo. Me ocurre como al enfermo de prosopagnosia, que no logra reconocer un rostro familiar debido a su dificultad para ensamblar sus partes. También como al llamado analfabeto funcional, que sabe leer de manera mecánica, pero que no entiende lo que lee. Por las noches, salgo a la terraza y observo la Luna y las estrellas y me parece escuchar en el silencio de la oscuridad la existencia de un mensaje cifrado cuyas claves ignoro. O salgo a la calle al día siguiente y el Sol acaba de manifestarse. Comienza entonces la agitación urbana: gente que toma el autobús, que entra o sale del metro, que espera ante el semáforo. Capto todo, pero no distingo el todo.

Publicado enOtros Última Hora
La soledad
Publicado por
Juan Francisco Saenz
