El Real Madrid se medía al París, los rookies de moda en la Euroliga, buscando el premio de una victoria que sellaba matemáticamente la plaza en el Play-In para el ganador, y le permitía soñar con entrar en el Playoff evitando la primera eliminatoria. Chus Mateo salió a demoler a los de Splitter con un quinteto ultragresivo en lo físico, en el que se colaba Deck, con Garuba y Tavares en la pintura, y Abalde y Campazzo en el perímetro.

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