Pues nada, amiguinas y amiguinos, llegó el Tenerife por carretera y todo saltó por los aires. El que representa al que más manda se pasó diciéndonos las dos últimas semanas, a pesar de la que estaba cayendo y la que se veía venir, que Albés iba a seguir siendo «uno di noi». Y eso que ya se escuchaban los pasos de los rusos en la planta de arriba del búnker. Tuvo que aparecer el Almirante Cervera a despertarlos a todos del sueño con tres goles como cañonazos. No hay proyecto que sobreviva sin puntos ni en Gijón, ni en Guanajuato, ni en Kuala Lumpur por mucho que la idea sea buena, bonita y ¿barata? Y mucho menos cuando los cuellos se giran hacia el palco tras una racha de las que no se recuerdan.

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