Para convertir el conocimiento y las ideas en pilar de la economía no existen autonomías pequeñas, sino falta de aspiraciones y audacia. Con la nueva ley de Ciencia, Asturias empieza a pensar en grande y da un salto cualitativo para hacer de la innovación el estandarte de su crecimiento y la palanca con la que acelerar la transformación del tejido productivo. No ha sido fácil.

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