Cuando era niña lo del cambio de hora me parecía un capricho de los dioses. A mí me gustaba el horario de verano. Tampoco sabía nada de Franco, ni de su decisión de adelantar nuestros relojes una hora para sincronizar el horario español con el de la Alemania nazi, cuando el nuestro tendría que coincidir, al encontrarnos en el meridiano de Greenwich, con el que hoy tienen las Islas Canarias, Portugal o Reino Unido. Vaya por delante que a mí me gustaría más eso de una hora menos y me gustaría más estar en ese otro huso horario, pero los gustos y caprichos de los dioses, que son dictadores, son vulgares y son sobre todo caprichos.
Publicado enOtros Última Hora