Una alfombra de loza rota en mil pedazos cubre el suelo de lo que un día fue una de las industrias más florecientes de Oviedo. Entre los restos, basura de todo tipo: centenares de ruedas, botellas vacías, radiadores, motores de lavadoras, congeladores y microondas abandonados. La maleza crece descontrolada dentro de la nave principal de la antigua fábrica de loza de San Claudio. Todo ello rodeado de tazas, platos, fuentes y jarras cocidas hace más de quince años. Nunca llegaron a venderse. La escena, salvando las distancias, recuerda al abandono y pillaje que sufre el viejo HUCA desde hace un par de años, a la espera del derribo de sus edificio. Solo que de allí se llevan todo lo que pueda tener un mínimo valor como chatarra. En San Claudio, una vez saqueado, depositan lo que sobra.

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