Donald Trump se ha presentado como un firme defensor de la Primera Enmienda, que protege la libertad de expresión y de prensa en EEUU. Sin embargo, su Administración ha redefinido estos conceptos al otorgarse el poder de decidir qué periodistas tienen acceso a la Casa Blanca, retirando las credenciales a la agencia de noticias estadounidense Associated Press (AP) y, en cambio, acreditando a blogueros, podcasters e influencers alineados con facciones más a la derecha del Partido Republicano.

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