Julio Iglesias, el seductor de todos los tiempos

Julio Iglesias, el seductor de todos los tiempos

El listín rojo de las 3.000 mujeres que habían pasado “por la vida o al menos por la cama” de Julio Iglesias nunca existió: se trataba en realidad de una agenda Cartier de ese color que incluía teléfonos de agentes, músicos, empresarios y sí, también las mujeres con las que se había acostado, unas 400 según cálculos del propio Julio, en un ataque infrecuente de modestia. El accidente que truncó su carrera futbolística –le detuvo un disparo a Di Stéfano– sí sucedió, pero no fue para tanto. Sí lo fue el menos publicitado sarcoma que el cantante padeció en la médula espinal poco después, en noviembre de 1963: para curarle, su padre, camisa vieja además de doctor, movilizó a los médicos más eminentes del franquismo. Durante la convalecencia un enfermero le regaló una guitarra y así nació una estrella. Y a Gwendolyne, musa fundacional de un inagotable repertorio musical y amatorio, fue él quien la dejó en la distancia: la había conocido en Londres, mientras tocaba por los pubs ya recuperado, y la emplazó a esperarle en París, pronto se casarían. Pero el joven Julio resultó ser mucho mejor cantante que portero, por mucho que dijera aquel cura que le recomendó dedicarse al fútbol cuando quiso entrar en el coro del colegio. Hubo que decidir entre casarse con Gwendolyne -y tal vez ejercer la abogacía- o triunfar en la música. Y adivina.