Es bien sabido ya que el deseo de Isak Andic era que sus hijos fueran buenos accionistas, no directores o gestores de su pequeño imperio llamado Mango. Para muestra, dos botones: que le cediera las riendas de esta cadena textil a un directivo ajeno a la familia (Toni Ruiz, a quien la compañía y la familia han nombrado presidente no ejecutivo, además de consejero delegado) y que sus tres hijos hubieran empezado a estructurar y profesionalizar su patrimonio presente y futuro poco antes del fallecimiento del empresario en un accidente de montaña el pasado diciembre.

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