Si pasas sobradamente los cincuenta años y tienes la fortuna de seguir compartiendo vida con tu padre y tu madre, sabes que más pronto que tarde las visitas a hospitales y centros de salud se van a convertir en algo habitual. «La vida cambia en un instante» escribe Joan Didion al inicio de su libro «El año del pensamiento mágico». Un problema de salud de mi madre, que luego fue mucho más leve de lo que apuntaba, convirtió en secundarias preocupaciones cotidianas.
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