Friedrich Merz, el inminente canciller de la República Federal Alemana, lo tiene bastante crudo. Su objetivo es sanear la otrora próspera economía del país, conseguir que sus anunciadas limitaciones a la inmigración se materialicen rápidamente y cerrar un gobierno estable, eficaz y eficiente. Ese programa mínimo está al servicio de un propósito: debilitar a la extrema derecha alemana, impedir que se adueñe del poder en pocos años. O el nuevo gobierno triunfa o Alternativa para Alemania puede obtener tales resultados electorales que la coalición entre conservadores y socialdemócratas sea insuficiente. Algunos piensan que a Merz este encargo (que Alemania se reinvente económicamente sin que se dañe la democracia ni sufra mucho la cohesión social) le viene entre grande y muy grande, como la ropa. Mide casi dos metros y rara vez acierta con la talla.

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