Protector de los suyos y un trabajador «muy activo». Así definieron ayer al empresario César Díaz–Telenti sus familiares, amigos y compañeros en el tanatorio de Cabueñes. Fue allí donde todos se reunieron, en torno a la capilla ardiente por el gijonés, fallecido el domingo a los 51 años tras sufrir de madrugada un infarto del que no pudo recuperarse.

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