El descontento de los científicos estadounidenses con las políticas de Donald Trump no hace más que aumentar. La imposición de aranceles a todos los productos importados a Estados Unidos, entre los que se incluyen materiales esenciales para la investigación, ha enfurecido aún más a una comunidad académica que desde hace semanas está sufriendo drásticos recortes en las subvenciones así como censura en todas aquellas investigaciones relacionadas con la perspectiva de género, la diversidad o la lucha climática.

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