A falta de ocho jornadas, el Oviedo se asoma al tramo decisivo de la temporada con una mezcla de confianza, ilusión y cautela. Después de tantos años lejos de la élite, soñar ya no parece una locura, pero tampoco hay margen para el despiste. Las cuentas, como cada primavera, empiezan a echar humo. Y esta vez se ha sumado una voz nueva al análisis: la inteligencia artificial.

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