La escalada ha pasado de ser una práctica minoritaria a un fenómeno en auge, con más aficionados en roca que nunca. Este boom ha traído consigo una creciente presión sobre los ecosistemas. La erosión del suelo, la alteración de hábitats y la presencia humana en zonas frágiles están poniendo en riesgo la naturaleza que tanto disfrutamos. Y no solo ocurre con los escaladores: senderistas, ciclistas de montaña, incluso aquellos que simplemente disfrutan del entorno, también contribuyen a este desequilibrio.

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