Fue una de las primeras personas en descubrir el expolio a la Cámara Santa en la mañana del 10 de agosto de 1977. «Entré con Ignacio Laizola, íbamos arriba y nos quedamos helados, nos parecía que aquello no podía ser». Benito Gallego (Villamoratiel de las Matas, 1942) llevaba aquel verano poco más de año y medio en la Catedral de Oviedo, a la que llegó tras sacar la oposición de penitenciario; hoy es el deán, un cargo en el que está a punto de cumplir quince años en una Catedral que recibe a cerca de 150.000 turistas al año, una cifra a la que hay que añadir los fieles, las personas que acuden a actos religiosos, las clases de religión o de catequesis que pasan por ella además de los dos mil «amigos» que la frecuentan de manera regular, a cambio de una cifra simbólica anual. Números que revelan un poder de convocatoria y atracción incuestionable.

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