Movilidad, equilibrio, coordinación, reflejos… son algunos de los beneficios, ya estudiados, del tenis de mesa para ralentizar el progreso del párkinson, la segunda enfermedad neurológica más común por detrás del alzhéimer. En Madrid, acaba de nacer la Fundación Red Parkinson que, precisamente, organiza entrenamientos específicos de ping-pong adaptados a personas con el trastorno. Se trata de ejercitarse. Y, también, de socializar. De integrarse. «Utilizamos mucho el control de dónde va la pelota; si va por la izquierda, si va por la derecha; si le das de revés, si le das de derecha; si viene con efecto… ; el sonido, el movimiento… Son muchos factores los que nos ayudan a rehabilitarnos. Es muy completo», describe Javier Martínez, a quien diagnosticaron la enfermedad hace siete años.

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