El premio anual a la rehabilitación artesanal de hórreos ya tiene dueño, y Luis ya tiene donde volver a colgar fabes

El premio anual a la rehabilitación artesanal de hórreos ya tiene dueño, y Luis ya tiene donde volver a colgar fabes

«Si le digo la verdad, a mí el hórreo no me sirve de nada. Pero solo con ir y verlo rehabilitado, bien sólido, ya me da alegría. La satisfacción de verlo terminado y hacerle una foto no tiene precio, aunque no me dé servicio porque ya no vivo en la aldea. Bueno, les fabes sí que las he vuelto a colgar allí y alguna cebolla he puesto a secar».