Dos argentinos ilustres han entregado su alma con escasas horas de diferencia: el Papa Francisco, guardián de la cristiandad, y el Loco Gatti, iconoclasta San Pedro de la portería de Boca Juniors, el mejor portero de la historia del fútbol austral. Ya hubiera querido San Lorenzo de Almagro, el equipo amado por Bergoglio desde niño, haber mantenido al resguardo de su meta al impresionante arquero que jugaba con los pies cuando los demás se defendían solo con las manos.
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