Si hay una fecha en la que poder situar el nacimiento del Noroeste como entidad formal, bien podría ser 2017. Ese año echó a andar una doble asociación empresarial y política entre Galicia, Asturias y Castilla y León por dos motivos que aún hoy siguen vigentes. Por una parte, la necesidad de impulsar –tras conseguir la incorporación de parte de sus infraestructuras a la red prioritaria europea– el desarrollo del Corredor Atlántico ferroviario y, por otro, reclamar la revisión de un modelo de financiación autonómica –caducado desde 2014– que tenga en cuenta la dispersión y el envejecimiento poblacional y aporte más recursos por estas necesidades.

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