«El rollo, el famoso rollo que tantas generaciones contemplaron, nada tenía de estético, aunque de ello presumiera: estaba en la Plaza Mayor. De parda cantería, con un león toscamente labrado sobre una columna levantada en cinco gradas, medía unos cinco metros de altura solamente, y en sus últimos tiempos cambiaron el león por un imperfecto cono, que afeó más el pequeño monumento.

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