«Entre la niebla y el humo no se veía nada de nada. Me llevó unas dos o tres horas, pero dejé todo el ganado a salvo», cuenta Eladio Gancedo, un ganadero retirado de Villar de Vildas (Somiedo), un pueblo próximo a la braña del Pornacal, una de las más importantes, por ser el asentamiento con mayor número de cabañas de teito de escoba.

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