La guerra arancelaria iniciada por Donald Trump desde su llegada a la Casa Blanca se extenderá ahora al naval. Aunque, en este caso, la batalla viene de antes de la llegada del polémico presidente. El Gobierno de EEUU planea imponer tasas a los buques construidos en China o que lleguen a sus puertos ondeando la bandera de ese país para intentar así potenciar sus propios astilleros y la industria auxiliar local. Una medida proteccionista que llega tras la demanda de los sindicatos conocida ya el año pasado y tras la investigación realizada por la máxima institución en materia de comercio del país, la Office of the United States Trade Representative (USTR), que concluyó que el Ejecutivo chino lleva años maniobrando con prácticas «desleales» para alcanzar su posición de dominio actual. El movimiento pone en jaque al naval gallego, presente en el país con algunas empresas, con contratos de suministro para buques realizados allí o con alguna nueva construcción, como el reciente oceanográfico David Packard, fabricado por Freire Shipyard.

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