Durante los primeros años del auge digital, el comercio electrónico vivía en un contexto casi adolescente: impulsivo, competitivo, obsesionado con la inmediatez y el volumen. Cupones, códigos de descuento, envío gratuito, promociones flash… una carrera por captar clientes en la que todos querían ser el más barato, el más rápido o el más llamativo. Pero ese enfoque, aunque efectivo a corto plazo, se ha demostrado insuficiente para construir negocios sostenibles.

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