Pocas personas dudan de que el anfiteatro de Cudillero es un rincón especial, y también pocas creen que sería, hoy por hoy, el lugar idóneo para vivir con la rutina de la actual sociedad: residir allí conlleva asumir el paso (obligado) por interminables escaleras y zonas empinadas. Otro asunto no menor: las viviendas son de reducidas dimensiones, heredadas de aquellas familias que vivían de la pesca en tiempos menos prósperos.

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