Cuando al fin fuimos europeos

El 12 de junio de 1985, en el incomparable marco del Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid, se firmó el Acta de Adhesión de España a la entonces CEE (Comunidad Económica Europea). Tal vez sin proponérselo las columnas eran la metáfora de la solidez de una España que estaba orgullosa de su transición democrática y que había logrado por fin entrar en el «Club Europeo». Era presidente del Gobierno Felipe González Márquez y ministro de Asuntos Exteriores Fernando Morán López, diplomático, europeísta convencido, inteligente, culto y con sentido del humor; un visionario que hasta entendió que lo de ser europeo suponía implicarse con todas las consecuencias en hacer ciudadanos y cuidar de la defensa común. En enero de 1986 se haría efectivo el ingreso. España y Portugal, democratizados, entraban en la llamada tercera ampliación; la segunda, la de Grecia, pilar de la cultura clásica tan de todos, lo había hecho en 1981.