En 2021, Donald Trump se quejó públicamente de que Bitcoin era una «estafa contra el dólar» cuyo valor «es muy volátil y se basa en el aire». Lo que entonces era una denuncia se ha convertido ahora en una oportunidad de negocio para él y su familia. Cuatro años después de esa crítica, el autoproclamado «presidente de las criptomonedas» está utilizando su segundo mandato al frente de Estados Unidos para satisfacer a los aliados tecnológicos que financiaron su contienda electoral con una profunda desregulación del sector, pero también para engordar su fortuna personal.

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