Los comercios de la calle San Rafael de Zaragoza levantaron sus persianas este lunes después del descanso dominical que les había alejado del crimen del Imperio, el homicidio por el que fue detenido un conocido cliente de este afamado bar con un truculento historial vinculado a la venta de droga y a la sucesión de batallas campales y de violentos tiroteos. Y, al regresar ayer a sus puestos de trabajo, estos mismos empleados volvieron a enumerar esa retahíla delictiva que ya viene «de largo», de cuando El Imperio se llamaba El Cubetazo y, todavía antes, Pizarro, y que les ha dejado anécdotas inverosímiles tras el saneado de la red de tuberías de esta misma calle. «Vaciamos las arquetas y pasaron por aquí todas las bolsas de cocaína que tiraban al baño», contaron los comerciantes en declaraciones a este diario.

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