«Contra los probes» iba a titular este artículo, pero a última hora he preferido este otro, acaso más gráfico y más significativo históricamente. Tal vez ustedes recuerden aquella canción de los años setenta, de Moncho Alpuente, que decía así: «Adelante, hombre del Seiscientos, la carretera nacional es tuya». La letra de la canción era un retrato sociológico de la sociedad española del momento y de las condiciones y expectativas de millones de sus ciudadanos: en una España en expansión económica, que incluía el acceso a la vivienda para muchos, la posesión de un automóvil modesto, como las viviendas, abría unas enormes posibilidades de libertad y cambio: desplazamientos vacacionales con la familia, conocimiento de otras tierras y otras gentes, excursiones a las playas, facilidad para ir al trabajo. El coche se convirtió, así, en una palanca de la libertad y la felicidad personal y familiar, al tiempo que en un evidente símbolo de estatus, modesto, pero importante.
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