Tomo el autobús y me encuentro que mi asiento estaba ya reservado. ¡Bien! Me bajo en la cuarta parada y entro a un gran hipermercado. Justo a la entrada, en una cesta cuidadosamente colocados, están los aguacates y los tomates que compro cada semana, los zumos que más me gustan y mi pasta de dientes habitual, que se estaba gastando.

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