Cofiñismo

Siempre me han gustado aquellos políticos que, tengan la ideología que tengan, apetece votarles por contar con personalidades equilibradas. Que intentan no llamar la atención, salvo por su quehacer. Son los que te miran a los ojos con la misma intención que lo hacen a los temas. Los que no te cuentan milongas ni están a diario colgados del trapecio. O levantando la voz y criticándolo todo, como sugería hacer aquel humorista de La Codorniz para alcanzar el éxito social. Se trata de gentes con las que te entran ganas de irte a tomar unas sidras o a picar algo. Con los que se puede conversar, porque te escuchan, y no dogmatizan salvo para atajar de raíz los desvaríos que pretenden imponer precisamente los que denuncian la polarización.