Si se para un momento, a Pablo Martínez Rodríguez (1980) le va a dar vértigo pensar en el viaje del niño de Puenticiella (Cangas del Narcea) que de repente está en Los Ángeles y a los 44 años es el vicepresidente de una multinacional de la biotecnología con 27.000 empleados y presencia en el mundo entero. Asimila mejor el recorrido cuando se lo cuenta a «pequeños pasitos». Pablo también es el chaval que siempre quiso ser médico y el estudiante que escogió la optativa de Oncología en el último curso de la carrera en Oviedo, el MIR del Hospital Vall d’Hebrón y el oncólogo que pasó siete años entre ensayos clínicos a la búsqueda de terapias contra el cáncer en Barcelona.

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