A Mikel Arteta le gusta exponer a sus jugadores a situaciones límites, sacarlos de su zona de confort y obligarles a encontrar soluciones analizando el contexto al que se enfrentan. Le gusta hacerles pensar. No hace mucho, durante una cena del equipo, el vasco contrató a unos carteristas para que sustrajeran los teléfonos y las carteras a varios de sus futbolistas. Finalizada la velada pidió a sus jugadores que vaciaran sus bolsillos para ver la reacción de estos al descubrir que habían sido robados. Aquella noche aprendieron que siempre hay que estar alerta.

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