En la vida de un veterinario hay casos que marcan para siempre. Historias que se quedan grabadas no solo por su complejidad clínica, sino por la carga humana y emocional que conllevan. Ésta ocurrió durante uno de mis primeros fines de semana trabajando en un hospital veterinario y aún hoy la recuerdo con la misma intensidad que aquel día.
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