Una bicicleta antigua y desvencijada y los campos de la campiña emiliana forjaron el futuro de Alfonsina Strada, probablemente la ciclista más importante del siglo XX. Nacida en el seno de una familia humilde su destino quedó sellado cuando su padre apareció en casa con ese vehículo de dos ruedas. La había conseguido del médico del pueblo a cambio de unos pollos y algunas chapuzas y debía servir de método de transporte para el día a día, pero para Alfonsina iba a suponer mucho más, el inicio de su leyenda. La única mujer en competir en el Giro de Italia masculino.

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