Hace un año Vox sangraba por la herida. El resultado insuficiente en las elecciones generales había impedido a la derecha gobernar y el PP culpaba a Santiago Abascal de no haber cumplido su parte. El ciclo electoral que estaba por venir (gallegas y vascas) no era muy prometedor. Las sospechas de financiación irregular sacudían el partido, que tampoco había terminado de superar la salida de algunos dirigentes históricos. Y así llegó una asamblea en la que el partido reeligió a su líder -blindado hasta 2028- con un futuro incierto por delante. Un año después Abascal está reforzado por todos los frentes posibles.

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