Al salir de la nave de embotellado de Sidra Menéndez, el tintineo de los centenares de vidrios que circulan por la cinta transportadora se va apagando a medida que uno se sumerge en el silencio de la aldea de Fano y el valle de Baldornón. Una placidez realzada por el sol pleno y el cielo impoluto que el pasado miércoles, día de la visita de LA NUEVA ESPAÑA, adornaban este histórico rincón de la producción sidrera gijonesa.

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