La dimisión de Belarmina

Belarmina Díaz ha dimitido, tras el siniestro de Cerredo, para proporcionarle una coartada al Gobierno del Principado y permitirle seguir con el apoyo de sus socios. Pero la muerte de cinco mineros en las actuales circunstancias y en una mina donde se extraía carbón de manera irregular exige depurar mayores responsabilidades. Se equivoca Adrián Barbón entonando el soy minero y acusando a sus opositores de utilizar el dolor ajeno de manera partidista. Él mismo, su partido, seguramente habría actuado igual de obrar otras circunstancias y ser otros los responsables de la más que supuesta negligencia en la mina. Aunque se trate de una táctica muy recurrida por los políticos, ofende a la inteligencia ese tipo de salida cuando lo que se está exigiendo es una aclaración completa de lo que ocurrió. Aunque no sabemos si ello va a ser posible o si los socios de Barbón se dan ya por satisfechos con la renuncia de la consejera. No es fácil creerse que en el Gobierno asturiano alguien no estuviera al tanto de lo que allí pasaba, de la actividad ilegal que desencadenó la tragedia que conocemos. ¿Por qué se toleró? Eso es lo que hay que averiguar.