Escepticismo ante una obra que acumula muchos retrasos y una exigencia concreta en cuanto a plazos de ejecución. Así se pueden resumir las peticiones de los vecinos de la zona oeste del concejo respecto a la obra de desdoblamiento de la GJ-10, el conocido como vial Lloreda-Veriña, a raíz del último informe encargado por el Ministerio de Transportes que, tal y como avanzó LA NUEVA ESPAÑA, busca evitar el riesgo de inundaciones con un trazado más alto e incluye también un estudio arqueológico por si hubiera posibles restos. «Es una tomadura de pelo. Llevamos 20 años esperando por él y aún no sabemos si efectivamente se va a acometer», apuntó el presidente de la Federación vecinal, Manuel Cañete que recordó la falta de alternativa al vial de Jove.

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