Dicen que la belleza está en los ojos de quien mira y algo parecido ocurre cuando se le da, o no, valor a las cosas. Probablemente, cualquier transeúnte del barrio madrileño de Mirasierra, zona de residencia para gente de posibles, habría visto solo unos archivadores y un puñado de fotos desparramadas junto a un contenedor de basura. Era 2015, reciente la muerte de la última de las grandes folclóricas de la piel de toro y este un signo de que el olvido ganaba la partida al glamur. Sin embargo, lo que para unos fue desecho, despertó la curiosidad de un hombre, Javier García-Villalba, asturiano residente en la capital, para quien aquellas estampas, que retrataban la vida de una mujer desde la infancia a la madurez, desde la vida personal a la pública, fueron un tesoro nacional. ¿Quién salía allí retratada? No otra que María del Dulce Nombre Díaz Ruiz, conocida por todos como Marujita Díaz. Hoy, aquellos restos descansan a salvo en Gijón, en forma de archivo, en el Muséu del Pueblu d’Asturies, revelando la intimidad de la mujer que se parapetaba detrás del personaje.

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