Europa acelera para romper la enorme dependencia de terceros que arrastra en la explotación de materias primas críticas. La transición energética y la revolución de la digitalización exigen un uso intensivo de algunos minerales que han alcanzado la categoría de sumamente estratégicos, y para acceder a muchos de ellos la Unión Europa debe recurrir casi por completo a países como China, Estados Unidos y también Rusia o algunos estados africanos.

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