La tienda del Real Sporting de Gijón, ahí mismo, en la calle San Bernardo, no es comercio al uso ni despacho de camisetas al por mayor. Tiene algo de antesala y de capilla visitada, con su recogimiento bullicioso y su liturgia de sábados por la tarde. Uno cruza la puerta y le sale al encuentro ese olor a tela nueva, a goma reciente de balón, que se mezcla con la madera sobada del mostrador y con una música baja que no distrae, pero acompasa.
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